Empezó ya mal la semana con una directiva que no demostró tener ningún aprecio al abonado, con el que sufre con este equipo desde el primer partido, con el que paga aunque no sepa si viene un delantero de 20 goles o una promesa de 20 años. Con ese abonado con el que el club ya cuenta al hacer el presupuesto al inicio de la pretemporada, pero con el que el club no cuenta a la hora de facilitarle las entradas en un desplazamiento masivo.
Así que el Real Zaragoza se plantó en Soria con más maños que numantinos en las gradas y con dos goles tras los primeros 20 minutos, el primero de Ángel, aprovechando un balón servido en bandeja por Rubén, el segundo de Lanzarote, con otro golazo de los suyos, disparando de primeras un mal control de la defensa local.
El partido pintaba bien, demasiado bien para ser verdad, hasta que Julio Álvarez ponía el 1-2 en el minuto 30 de falta directa, aunque desviada por la barrera, falta que además significó la primera amarilla para Dorca. Diez minutos después vería su segunda, en una mano intrascendente que el colegiado no dudó en sancionar con un duro castigo.
Con uno menos el equipo se echó atrás, regalando el balón a su rival, sin saber qué hacer en inferioridad numérica, muy diferente al partido de hace dos meses en Vitoria. Tras el descanso, a penas se pasaba del medio del campo. Carreras tragó de orgullo en el minuto 56 y dio salida a Diamanka por Hinestroza, ¡ah, no!, perdonar, al que sacó fue a Culio, que hizo un mal partido, volviéndose a mostrar lento y poco metido en el partido como en los últimos encuentros. En sus manos estuvo la opción de parar con falta la jugada que provocaría el segundo gol.
Otro de los que entraron al terreno es Dongou, por un lesionado Ángel. La actitud del camerunés dejó mucho que desear, en ningún momento se llegó a notar su frescura, no peleó, no se entregó. Ni siquiera siguió la jugada en la que Lanzarote se quedaba solo con el portero para hacer un dos contra uno. Me gustaría defender al joven delantero, pero no hizo méritos para facilitarme el trabajo.
Y es por fin, en el minuto 88 y con el 2-2, cuando Lluis Carreras hace el cambio que todo el mundo ve claro menos él, el que nos podía albergar esperanzas, el que podía hacer que el Real Zaragoza acaparara más campo, el que podía sacarnos de atrás, el darle entrada a Diamanka por Ros. Gracias Lluis.
Con el empate, algún aficionado mostró su mal estar con la afición que nos había acogido, porque la culpa de que nos remonten el partido la tiene, no los que estaban en el campo, ni en el banquillo, sino aquel que nos ha recibido con los brazos abiertos y ha tenido un comportamiento ejemplar.
El domingo que viene a las 12 el Real Zaragoza se enfrentará al Nástic en La Romareda, en un encuentro importantísimo por alcanzar la tercera plaza.
¡Siempre Real Zaragoza! (Aunque la directiva no lo valore)